Fuente y Foto: www.motorsport.com
En el mundo del automovilismo, especialmente en la Fórmula 1, la relación entre un piloto y su vehículo es fundamental. Para Emerson Fittipaldi, dos veces campeón mundial de F1, el Lotus 72 fue más que un simple coche; fue una extensión de su cuerpo. En una reciente entrevista para el podcast F1 Beyond The Grid, Fittipaldi recordó su experiencia con el Lotus 72, describiéndolo como el mejor coche que había conducido en su carrera.
La magia del Lotus 72
El Lotus 72 hizo su debut en el Gran Premio de España de 1970 y rápidamente se convirtió en un coche emblemático de la F1 de la época. Con su aerodinámica avanzada y un motor Cosworth DFV, el Lotus 72 era una máquina formidable en la pista. Fittipaldi recuerda cómo, junto con Colin Chapman, el fundador de Lotus, trabajaron en el desarrollo del coche, ajustando la geometría de la suspensión, el alerón y otros componentes para mejorar su rendimiento.
Lo que hacía que el Lotus 72 fuera especial, según Fittipaldi, era la conexión casi intuitiva que sentía con el coche. Describe cómo, sin la ayuda de la telemetry moderna, él y Chapman trabajaban juntos para ajustar el coche según las sensaciones que Fittipaldi experimentaba al conducir. Esta colaboración cercana y la confianza mutua permitieron al dúo crear un coche verdaderamente excepcional.
Después de su primera temporada con Lotus, Fittipaldi se unió a McLaren, donde también tuvo experiencias memorables, especialmente con el McLaren M23. Aunque el M23 era un coche más convencional que el Lotus 72, Fittipaldi destaca la dedicación y el trabajo en equipo que caracterizó su tiempo en McLaren. Con tres longitudes de distancia entre ejes diferentes y ajustes específicos para circuitos cortos, el M23 demostró ser un coche muy adaptable y competitivo.
La carrera de Fittipaldi está llena de logros destacados, incluidos sus dos títulos mundiales en 1972 y 1974. Su asociación con el Lotus 72, sin embargo, ocupa un lugar especial en su corazón. El coche no solo representaba la innovación y el espíritu competitivo de la F1 de la época, sino también la conexión humana y la colaboración que pueden llevar a la grandeza en el deporte.






